jueves, 22 de marzo de 2012

TEMPLARIOS, ENTRE LA CORRUPCION Y EL RELATO MASONICO

Ejecución en la hoguera del último Gran Maestre de la Orden del Temple, Jacques de Molay. 18 de Marzo de 1314.


Hace ya unos años, alguien dejó un comentario en este portal de la Agencia Informativa “Ciriaco Cuitiño” en la que se nos cuestionaba por qué, si sabiéndonos católicos, éramos críticos acerca de los Templarios. En esa ocasión (nota del 26 de diciembre de 2009), no nos pareció oportuno manifestar retórica alguna porque la nota sobre la que se había hecho ese comentario apenas sí nombraba a los Templarios muy por arriba, si bien bajo una mirada crítica. Pasado el tiempo nos hemos decidido a realizar una nota sobre la última etapa de esta orden religiosa-militar, período que encuentra a los Templarios ya como herejes, corruptos y con varias prácticas oscuras, esotéricas.

En ese sentido, no incurrimos en ninguna falta. Por el contrario, desde este espacio tratamos de ver todos los fenómenos histórico-políticos así hallemos aspectos negativos o gravísimos. Solamente el Reino de Dios posee la perfección que aquí en la Tierra los humanos nunca alcanzaremos. Y, en honor a la verdad, no es saludable ni conveniente esgrimir la perfección de lo terrenal, lo cual es motivo de los demagogos u obsecuentes. Hoy toca revisar cómo han terminado (¿ya no existen más?) los Templarios cuando, en sus orígenes, supieron ser ejemplares hombres cristianos que luchaban y morían por un causa por demás noble.


CARACTERISTICAS DE LA ORDEN

Hugo de Payns la fundó en el año 1118 junto a 8 caballeros franceses que habían sido, a su vez, compañeros de Godofredo de Bouillon, jefe de la Primera Cruzada, a la vez que Conquistador y Libertador de Jerusalén entre el 1058 y el 1100.

Por Templario se entendía a un individuo que formaba parte de “una Orden de caballería fundada en Jerusalén, en la época de las Cruzadas, cuyo instituto era defender el Santo Sepulcro del peligro sarraceno, asegurar los caminos de Palestina a los que iban a visitar los Santos Lugares, y exponer la vida en defensa de la fe católica”.

La vida de todo Caballero Templario tenía que desenvolverse alejada de todo vínculo familiar, y tenían que despojarse hasta de sus propios bienes materiales. Por esto, fueron llamados en principio como los “Pobres de la Ciudad Santa”. La Orden lo era todo, y por ella vivían y luchaban hasta el fin.

Parece mentira que, habiendo tenido un origen austero y con tremendo desdén hacia lo material, los Caballeros del Temple hayan derivado, con el correr de las décadas, en un conjunto de sujetos inescrupulosos que manejaban incalculables cantidades de dinero. El origen de esa fortuna proviene, aproximadamente, del año 1128, cuando Hugo de Payns obtuvo el reconocimiento oficial para la Orden, y a partir de lo cual, en todos los países por donde pasaban iban recibiendo limosnas y donativos de los más variados. De modo que, de la indigencia los Templarios pasaron a un status de opulencia. La caridad cristiana había hecho lo suyo: al pobre hijo de Dios, había que ayudarlo. Lo que no era fácil de imaginar, y que con el tiempo se comprobó, es que de esos donativos surgirían los más grandes desvaríos.

Se desprende de la obra Las Sociedades Secretas, de Crowley Farber, que la Orden de los Templarios tenía diversos escalafones para sus miembros, a saber: Caballeros, Escuderos, Hermanos Legos y Sacerdotes. Dependían directamente de la Santa Sede, y ningún país podía aprehenderlos si es que, a su criterio, cometían alguna falta o desacato. Esto último, con seguridad, les dio alguna impunidad que luego desvirtuó en abuso.

Para redondear, muy resumidamente, las características espartanas que existían en los primeros tiempos de la Orden, detengámonos en la descripción que hizo de ella San Bernardo, quien fue el redactor de las reglas básicas que debían cumplir todos:
“Sus miembros iban sin tener nada propio, ni siquiera la voluntad. Vestidos con sencillez y cubiertos de polvo, tienen el rostro tostado por el sol, la mirada altiva y severa. Al acercarse al combate, guerrean con la fe interior que les da ánimo y la espada que les defiende; de ella se sirven con valor y arrojo, no temiendo ni el número ni la fuerza de los bárbaros infieles. Toda su confianza está en el Dios de los ejércitos, y al combatir por su causa buscan una victoria cierta o una muerte santa y gloriosa”.


LAS DERROTAS Y LA HEREJIA

La Orden del Temple nació 29 años antes del comienzo de la Segunda Cruzada, que se extendió desde el 1147 al 1149. Con suerte dispar, que al comienzo tuvo más victorias que derrotas, las Cruzadas –que fueron 7 en total, aunque otros esgrimen que fueron ocho- empezaron a socavar el antiguo prestigio de la Orden a medida que el cristianismo fue perdiendo, a manos de los musulmanes, las tierras de Oriente. A partir de la Quinta Cruzada, es cuando los antiguos reinados o gobiernos cristianos comienzan a quedar desguarnecidos y a merced de las huestes islámicas. Ya no se hablaba de resguardar los caminos de peregrinaje para los cristianos en la tierra donde habitó Jesús, sino de salvar miles y miles de almas cristianas que dejaban de tener seguridad.

A todo esto, los Templarios fueron envileciendo su antiguo y bien ganado prestigio acorde eran derrotados en los campos de batalla, y su fama empezaba a ser cuestionada. Un dato nos revela que en julio de 1221 (final de la Quinta Cruzada), el Papa Honorio III al ver que sus tropas no logran recuperar la ciudad de El Cairo, Egipto, señala que esta Cruzada sería la última en donde la Santa Sede enviaría sus propias fuerzas armadas. A partir de entonces, todos los ejércitos que continuarían luchando casi hasta finales del siglo XIII lo harían bajo el mando de los reyes de Francia, a los que se sumaban algunas tropas teutonas. La quita del apoyo a las Cruzadas por parte de la Iglesia Católica fue determinante para el fracaso posterior.

Una a una fueron cayendo las plazas ganadas por los Templarios para la causa, llegando al límite de que en 1279 solamente estaban en manos de los cristianos la ciudad de Seidón y el castillo de los Peregrinos, entre las ciudades de Dora y Cesárea. Tras perder estos últimos reductos, los miembros de la Orden del Temple tuvieron que refugiarse en la isla de Chipre, donde se llamaron a un secretismo sepulcral. Y aquí parece ser el inicio de la corrupción de la Orden, que en todos esos años había acumulado ingentes cantidades de dinero y tesoros.

Veamos lo que escribe el citado autor Farber:
“Así, devinieron en sociedad secreta que rendía culto a un ídolo llamado Bafomet o baphometus (que en griego significa bautismo de sabiduría) y que consistía en una cabeza barbuda, que era el símbolo con el cual los gnósticos representaban al Dios eterno, al Creador”. Los gnósticos en su doctrina pretendieron tener “un conocimiento intuitivo y misterioso de las cosas divinas; era una mezcla de doctrina cristiana mezclada con creencias hebreas y orientales”. Podemos inferir que los Templarios habían degenerado de sus creencias y dogmas primigenios.

Emblema del Grado 30 del Antiguo Rito Escocés de Libres y Aceptados Masones, Gran Elegido, Caballero Kadosch. La urna funeraria incinera los resos de Jacques de Molay. Su cráneo (que culmina con una cruz Templaria), se ubica entre la calavera del Papa Clemente V y la del Rey Felipe el Bello. En este grado masónico, los iniciados juran "combatir a ultranza y sin cesar toda injusticia y toda opresión, ya procedan de Dios, del Rey o del pueblo". Macabro.



En su secretismo, los Templarios pensaron crear, en base a su fortuna, una suerte de estado constituido solamente con gente aristocrática. Esto fue ideado para edificarse, primero en Chipre y luego en Francia, y quién sabe si más tarde al resto de Europa. Se dice que sus tesoros, amasados en tiempos de las Cruzadas, estaban guardados mayormente en suelo galo. Es por eso, que en el año 1307 el entonces Rey de Francia (Felipe el Bello) le ordena al Gran Maestre Templario, Jacques de Molay, a que le entregase el tesoro de la Orden bajo pena de muerte en caso de negarse. A su vez, el rey le notifica que la Orden de los Templarios quedaba abolida.

Con la anuencia del Papa Clemente V, se le abría un proceso a los miembros de la Orden del Temple
“bajo las acusaciones de lujuria, falta de fe, violencias de toda clase, convivencia con los mahometanos, hostilidades contra los cristianos, y (…) sacrilegios”. Estas acusaciones, ¿estaban fundadas? Al parecer, sí.

APOSTASIA Y FRANCMASONERIA

En el juicio llevado a cabo contra los Templarios, unos 231 Caballeros que se hallaban prisioneros junto con De Molay, reconocieron la existencia de unas normas demoníacas que comenzaron a poner en práctica los Templarios a partir del año 1151, año en que tomaron los primeros contactos con las logias francmasónicas que surgieron en Europa. Hubo Templarios de Florencia, Pisa, Bolonia, y de España e Inglaterra que dijeron que ese documento normativo existió, y cuyas declaraciones fueron recopiladas en la “Colección de Documentos Inéditos de la Historia de Francia”, las cuales reproducen las Actas de Acusación en el proceso de los Templarios. Veamos los doce puntos o normas en cuestión:

“1 – Cada Templario (…) debía renegar de su religión negando todos aquellos derechos que se consideran dogmas de fe.

2 – En la misma ceremonia de recepción debían demostrar su fidelidad a la Orden, ultrajando alguna imagen religiosa.

3 – Asimismo, las grandes dignidades convocaban una asamblea todos los años, preferentemente en un día de la Semana Santa, para renovar los votos de fidelidad que siempre iban acompañados de renuncias y ultrajes a las imágenes sagradas.

4 – En la reunión general adoraban a un gato o a un perro, los cuales eran enseñados a los Templarios algunas ocasiones por el Gran Maestre.

5 – Creían los Templarios, y así lo practicaban, que las altas dignidades podían absolverles de sus pecados sin mediar entre ellos la confesión.

6 – De igual manera se confesaban autores de orgías, ceremonias en honor de al belleza del cuerpo y demás prácticas consideradas como lujuriosas.

7 – Las reuniones eran secretas, haciendo jurar a los aspirantes, bajo pena de tortura o muerte, que no abandonarían nunca la Orden.

8 – En los lugares donde celebraban sus reuniones, los Templarios tenían ídolos bestiales y humanos (un cráneo, por ejemplo), y los adoraban especialmente en sus grandes capítulos: coronaban sus cabezas con vendas que después se clocaban en la frente.

9 – Aquellos que durante la recepción, o después de la misma, se negaban a hacer lo que se les ordenaba, eran secuestrados y/o asesinados en calabozos secretos.

10 – Todas estas cosas se hacían generalmente en toda la Orden, tanto en el continente europeo como en las provincias de ultramar (…).

11 – Considerábase como cosa permitida en la Orden el hecho de apoderarse, por todos los medios posibles, de los bienes del prójimo cuando lo exigía el interés de aquélla, y prestaban juramento de procurar de cualquier modo, incluso criminal, el aumento de las ventajas y riquezas de la Orden.

12 – Los Capítulos que se convocaban durante la primera vigilia nocturna eran tan secretos que se cerraban todas las puertas del convento o de la iglesia donde se celebraban, poniendo centinelas hasta en los tejados, de manera que nadie pudiese ver ni oír absolutamente nada y ni siquiera acercarse al lugar de la convocatoria.”


Un francmasón contemporáneo, de nombre William G. Gardner, llegó a publicar algunas consideraciones acerca de la Orden de los Templarios, diciendo, entre otras cosas, que “En Occidente la religión era más marcial, y así, la orden del Templo (…) gozó de la más alta estimación en toda Europa (…) los Caballeros Templarios pronto llamaron la atención de la Iglesia Romana y recibieron tantas concesiones y emolumentos que llegaron a ser la Orden de Caballería más rica y poderosa de cuantas hayan existido”. Y agrega un dato para nada menor: “De la mayor pobreza pasaron a la más grande opulencia; emparentaron con las familias más nobles y poderosas de todos los reinos de la cristiandad”.

Al finalizar el proceso llevado a cabo contra los Templarios, alrededor de 1314, su último Gran Maestre, Jacques de Molay, había sido condenado a morir en la hoguera, como hereje, y “el rey concedió las tierras y la fortuna de los Templarios a la Orden de Malta, grupo de nobles sobre los que tenía gran ascendencia y de los cuales no recelaba en ningún sentido”, explicita Farber.

En la nota que publicamos el 26 de diciembre de 2009, a la cual hacíamos referencia al principio de este relato, publicábamos cómo a partir del siglo XVIII la Masonería ha rescatado la muerte de Jacques de Molay hasta entroncarlo como un personaje digno de esa oscura internacional. Esto habíamos expresado: “En la masonería, Hiram fue el Gran Arquitecto del Templo (de Jerusalén) y el único que poseía el secreto para ser un maestro o maestre albañil. Representa para la masonería “el sol, que construye el templo de la naturaleza, fecundándolo con su calor y alumbrándolo con su luz”, sugiere la obra “Simbolismo de la Masonería” de Monseñor León Meurin.

“Para los oscurosCaballeros Templarios, Hiram fue Jacques de Molay reencarnado. Molay fue el último gran maestre templario que murió quemado en una pira por hereje, en el año 1314. Jubelas, Jubelos y Jubelum serían “el Papa Clemente V, el rey Felipe el Bello y el denunciador Squin Florian, por cuya acusación acometió el rey Felipe la destrucción de la orden de los Templarios”, dice la obra nombrada anteriormente”
(
http://ciriaco-cuitinio-vuelve.blogspot.com.ar/2009/12/monumentos-masonicos-hebreos-de-buenos.html).

Ya que citamos a Meurin, él también sostiene que los Templarios terminaron corrompidos y ejerciendo la apostasía y la herejía, subvirtiendo sus primigenias buenas intenciones. “Los Templarios fueron corrompidos en Palestina –señala-. En sus reuniones secretas, renunciaban a Cristo y –como lógica consecuencia- se entregaban a la perversión (…) La Orden abolida de los Templarios, en un principio, con sus doctrinas y prácticas, luego, por la acción de sus miembros dispersos, sirvió de punto de partida para lo que hoy se llama Masonería”.

La tradición oral ha consignado que al producirse la decapitación del rey francés Luis XVI, en la Plaza de la Revolución (actual Plaza de la Concordia, en París) el 21 de enero de 1793, por los jacobinos, “un espectador enardecido consiguió romper el cordón de seguridad formado por soldados y miembros de la Guardia Nacional; subió al patíbulo y, mojando sus dedos en la sangre del rey muerto, salpicó con ella a los más próximos, gritando: ¡Yo te bautizo, pueblo, en nombre de la libertad y de Jacques de Molay!, y se afirma, también, que algunos vocearon: ¡Jacques de Molay, estás vengado!....

La instauración de un nuevo ordenamiento mundial, ingeniería que obtuvo mayor impulso a partir de 1789, vio con suma benevolencia la ultimación de los reinados, ducados y principados, por considerarlos de inspiración religiosa cristiana. Por eso, no caben dudas que el crimen del rey Luis XVI –que era corrupto, por cierto- corría en ese sentido: era la eliminación de una autoridad cristiana que, a la luz de los acontecimientos que se iban pergeñando, ya no tendría espacio en las normas de la nueva era. Sionistas, masones (entre éstos a los subvertidos Templarios) y comunistas, han vociferado incansablemente que, aparte de la ultimación de todo atisbo de religión, también había que lograr el destierro definitivo de las monarquías, y luego, como última maniobra para la reingeniería social, la estrangulación de la institución familiar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Cómo insiste, hombre.
No solamente se equivoca en sus afectos políticos -equivocación que es cosa suya, por cierto- sino con los autores con cuya base pretende exponer su caso; patético caso, si bien se mira.
Los Templarios fueon absueltos por el Papa, como consta en el llamado Pergamino de Chinon. No le voy a decir que la cita de la porquería de wikipedia sea lo mejor, pero al menos le da una idea del asunto.
Por lo tanto, todas sus conjeturas sobre las maldades de los caballeros del Temple, a upa de escritores noveleros gringos que del asunto sólo quieren sacar tajada anticatólica, quedan desautorizdos.
Saludos
Geoffray de Charny

Anónimo dijo...

Afirmar que los templarios eran una orden corrupta es desconocer por completo la historia y el conocimiento legado a la espiritualidad por los miembros de esta orden de caballeros que poseían los más altos secretos del camino o vía para buscar la divinidad. La misión oculta de esta orden fue la de develar los secretos del arca de la alianza y las tablas de la ley, ocultas bajo el suelo del antiguo templo de Salomón. De ello surgió el conocimiento de Geometría Sagrada que llevó a la construcción de más de 100 catedrales góticas en toda Europa, como la de Chartres. Además lograron un gran acerbo de sabiduría gracias al sincretismo logrado por el estudio de cristianismo gnóstico, kabalah, vedantismo y sufismo. Por esto último es que fueron exterminados por la iglesia y Felipe El Hermoso, quienes temían que la similitud de enseñanzas de estos linajes fuera revelada a occidente, mostrando que el catolicismo no era el gran poseedor de la verdad.
Jacques de Molay

Anónimo dijo...

La misma Iglesia Católica, sondeando en antiguos documentos de su biblioteca ha reconocido su error y en tiempos modernos, en cabeza de uno de los últimos Papas pidió disculpas al mundo entero por la masacre de los templarios, la cual fue un verdadero genocidio.
Jacques de Molay